junio 2013

¿Existen segundas oportunidades?

Publicado el 19 junio 2013 por en China

En el marco de la celebración de la 110 edición de la Feria de Cantón el pasado 15 de octubre, el Primer Ministro de China, Wen Jiabao, declaró que el gigante asiático trabajará en la implementación de medidas que incentiven el aumento de sus importaciones. Los pronósticos del gobierno chino son de alrededor de los 8 billones de dólares en importaciones durante los próximos 5 años.

Y sólo un grupo de países que ha otorgado a China el reconocimiento como economía de mercado, podrá acceder con menores contratiempos a la exportación de sus productos hacia esa nación. ¿Se habrían imaginado aquellas economías que tal terminología destinada a la aplicación de medidas de defensa comercial (que ha también provocado la falta de competitividad en diferentes industrias, evasión de impuestos, y contrabando en sus mercados internos), sería una condición que limitaría tan significativa oportunidad?

Australia, Canadá, Estados Unidos, la Unión Europea, Argentina, Brasil, India, México, Sudáfrica y Turquía, son algunos de los países que impusieron mecanismos para proteger su producción nacional a partir del ingreso de China a la OMC en 2001. Este país debería esperar un periodo de 15 años sin desafiar cualquier medida antidumping; sin embargo, ha podido lograr el reconocimiento como economía de mercado mediante la negociación bilateral.

Hagamos un breve recuento

Tomemos algunos ejemplos de países latinoamericanos que han reconocido a China, comenzando con Chile, el primero en votar a favor de su ingreso a la OMC y con el cual tiene un acuerdo de libre comercio en vigor desde 2006.

El intercambio comercial entre ambas naciones sumó 27,245 millones de dólares  en 2010, de los cuales 17,356 millones de dólares fueron exportaciones principalmente de cobre, celulosa, minerales de hierro y sus concentrados, según el Ministerio de Relaciones Exteriores chileno.  No obstante, la inversión de China en Chile no es de las más significativas entre los países latinoamericanos, que no ha rebasado los 94.5 millones de dólares en lo que va del 2011.

De acuerdo a cifras oficiales del Ministerio de Comercio para el Desarrollo, Industria y Comercio Exterior de Brasil, el comercio entre este país y China a fines de 2010 fue de 56.3 mil millones de dólares, contando este con un superávit comercial de 5.1 mil millones de dólares, del cual el 68% de sus exportaciones se concentran mayormente en mineral de hierro y soya. Con respecto a la inversión directa de China en Brasil, sólo en 2010 representó 17 mil millones en los sectores energético (petróleo y gas), agrícola, mineral, del acero, eléctrico y automotriz. Y al finalizar este año, se espera una inversión de 9,870 millones de dólares, según un estudio publicado por el Consejo Empresarial China-Brasil (CBBC, por sus siglas en inglés).

Cabe destacar que en abril de 2011, ambos países firmaron 22 acuerdos de cooperación que incluyen el desarrollo de proyectos en tecnología agrícola, biocombustibles, nanotecnología, electricidad y petróleo.

En lo que respecta a Argentina, otra de las economías importantes en la región, y siguiendo el ejemplo de Brasil, otorgó una semana después que este el reconocimiento a cambio de una mayor apertura a sus exportaciones, derivando en firmas de acuerdos, como por ejemplo protocolos fitosanitarios y memorandos de entendimiento en el sector agrícola, que apenas comienzan a rendir frutos en la exportación de soja y sus aceites, petróleo crudo, y productos cárnicos. La balanza comercial de Argentina con China es deficitaria, representando en 2010 apenas 5,860 millones de dólares en exportaciones e importaciones por 7,649 millones de dólares. La relación de peso se ha concentrado, no obstante, en materia de inversiones y adquisiciones chinas anunciadas en 2010, por 10,000 millones de dólares en trenes, industria automotriz, transporte subterráneo e infraestructura, y 10,000 millones de dólares en el sector de petróleo.

Concluiremos con México. Contrariamente a los casos anteriores, este fue el último país en aprobar el ingreso de China a la OMC y además de no reconocer hasta ahora su condición de economía de mercado, es en Latinoamérica el que se ha encontrado en mayores conflictos comerciales con China. Durante los últimos 10 años, México no sólo ha incrementado su comercio con ese país, sino también la brecha entre sus importaciones (28.3 mil millones de dólares) y exportaciones (2.3 mil millones de dólares), representando estas últimas sólo el 7.5% del total de su intercambio en 2010. Sobre IED, México ha recibido alrededor de 400 millones de dólares entre 1999 y 2008, según cifras de la Embajada de la RP China en México, que se traduce en sólo el 0,4% de su inversión en América Latina y el Caribe, con base en estadísticas de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

¿Qué significan las cifras?

Según el “Informe sobre las Inversiones en el Mundo 2011,” publicado por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), las economías en desarrollo y en transición atrajeron en total más de la mitad de las corrientes mundiales de IED, provenientes de otros países del Sur, mientras que las entradas de IED en los países desarrollados siguieron declinando.

Es evidente que ante la actual desaceleración económica de las más grandes potencias mundiales, los países emergentes deben buscar establecer alianzas estratégicas para sacar provecho de sus ventajas competitivas. Durante años, muchos de estos mercados han cerrado sus fronteras a China y han provocado mayores desequilibrios en comparación de los beneficios que habrían podido recibir. Ahora nos encontramos ante una segunda oportunidad, después de la apertura de China en la década de los ochenta, en la que no sólo busca satisfacer las necesidades de su mercado interno, sino también lograr una mejor distribución de la riqueza e invertir capital en industrias que en Latinoamérica, por ejemplo, se encuentran rezagadas.

Los gobiernos de los países emergentes tendrán que considerar si pasarán más tiempo debatiendo sobre el reconocimiento como economía de mercado a China e imponerle (e imponerse) más barreras que limiten sus márgenes de negociación en los temas de comercio e inversión, o por el contrario, cederán ante la oportunidad que implicaría la atracción de recursos que consecuentemente ayudarían a aliviar las tasas de desempleo, incentivarían el consumo y encontrarían nuevos nichos para sus productos de exportación.

Karla Loyo Q.